Texto por Ignacio González Olmedo & Juanjo Aguilar
Finiens
Finiens. Participio presente de finio: final.
Así se refería Cicerón a lo que hoy denominamos horizonte, que no es sino el testigo de un encuentro. Una suerte de frontera creada por el ser humano para tratar de explicar ese espacio geográfico, a todas luces imposible, donde cielo y tierra están llamados a confluir.
Ante la imposibilidad de esa unión, construimos un límite ficticio que se ‘traduce’ visualmente en una línea. Sabemos por nuestra experiencia que el horizonte no puede ser sino artificial, subjetivo. Es el producto de una necesidad constitutiva del ser humano de delimitar y ordenar su experiencia del mundo. El caos es indefinido, informe, por ello es preciso estructurar la realidad, clasificar aquello que nos encontramos. El desasosiego que acompaña la incomprensión es sustituido por la calma que genera la visión del orden. El horizonte se opone al caos. Así, ponemos fin a la realidad, la definimos.
Observar el horizonte es, entonces, un acto de definición, un gesto de ordenación y un ejercicio de ubicación: ver el horizonte es poner fin al mundo y situarnos en él, para obtener sosiego, tranquilidad, calma. En esta línea donde confluyen los dos elementos (cielo y tierra) resolvemos visualmente lo finito y lo infinito. Es decir, dotamos de finitud al mundo que nos rodea a partir de este fenómeno sensible. Inexorablemente somos un cuerpo, principio de toda experiencia, arrojado al mundo. Esta condición es la que nos permite delimitar el vínculo entre el cuerpo, su movimiento y el mundo en qué se inserta. Así, si para Cicerón el horizonte era el final, el cuerpo es el principio que lo define.
Jugando con este sentido del horizonte como final, la sucesión de las diferentes fotografías muestran cuerpos que se hallan en un tiempo extraordinario, cuerpos ociosos observando y por tanto definiendo el mundo. El ritmo sosegado de la serie se ve alterado por fotografías de vallas y carteles que truncan el horizonte. Su presencia impide poner un fin e introduce de nuevo, a través de estas superficies vacías, la falta de límites: lo infinito, lo indefinido, el tiempo caótico. Es un obstáculo que niega el horizonte, lo interrumpe y predispone a un estado de inquietud.
De este modo, "Finiens"es una serie que reflexiona sobre la condición subjetiva del acto de definir límites, haciendo uso del horizonte como motivo a partir del cual explorar ciertas dicotomías: lo finito/infinito, principio/fin, orden/caos y cuerpo/mundo.
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